Por sus mejillas rodaban lágrimas espesas, la figura de su rostro pálido frente al espejo mostraba angustia, en sus ojos opacos, había una expresión de desolación y profunda tristeza. El agua del lavamanos corría sin parar y se mezclaba con la sustancia tibia que corría por sus manos, hasta aquel momento no entendía que era lo que sus ojos trataban de mostrarle a su cerebro, a su conciencia, solo veía en silencio sin observar o intentar pensar.

En silencio, las lágrimas se escapaban de sus ojos. No había nada a su alrededor que le recordase cual era el propósito, solo un absoluto silencio, de pronto sintió que un extraño frió le erizo el cuerpo, parecía que su embotamiento y el cansancio cedían ante la fuerza de su espíritu.
Al mirarse fijamente comprendió, se sintió avergonzada de sus actos, intento desesperadamente repararlo, pero sabia que ya estaba hecho y que hay cosas que no tienen reversa. Su cansancio aumento de manera profunda, entonces se dejo caer sobre el piso del baño, mientras el agua seguía su curso al igual que el cálido flujo que rodeaba sus manos y ahora seguía tibiamente esparciéndose sin ningún impedimento.
Pensó en lo que dejaría de hacer, pensó en las decisiones que hasta ese momento había tomado, en como se puede estar seguro de que no era esa la verdadera decisión que tenia que tomar, pensó en lo que sentirían los que la conocían, pero que importa ahora; cuando nunca importo su presencia, volvió a sentir que estaba al borde del abismo, que su oscuridad la cubriría como ya lo había hecho en otras oportunidades, se sintió desvanecer en medio del silencio, parecía que todo terminaría sin ningún intento de lucha, luego un golpe en la puerta del baño la hizo volver.
No estaba segura de quien tocaba, sin embargo se estiro y quito el seguro, la puerta cedió y se abrió, al otro lado mirándola fijamente estaba ella misma observándose, sin decir palabra alguna.